Negada, escondida. Parece que nunca te he dado tu lugar.
Me gusta decir que no te escogí solo porque no te buscaba, pero sí que te escogí.
Has sido sobre todo, un escape. Del ruido, del miedo, del afán, de las responsabilidades externas, del desamor.
No me has obligado a nada. Existes y con paciencia me dejas existir en ti.
Has sido el espacio del no espacio y el tiempo del no tiempo. Una pausa, una mirada larga hacia adentro. Un añoro pero también una aceptación firme.
Me has enseñado a estar sola y conmigo, sola y acompañada y sola sin querer.
Muchas veces antes me he hecho esta pregunta: a qué sabes? de que estás hecha? muéstrame el camino. 4:13. Son las 4:13 PM. Número sagrado 4: tus guías te protegen.
Llegué aquí pensando que no me quedaría, pero mis guías parecían saber más de mi que yo misma. Se despidieron definitivamente y me dejaron ir, sabiendo que no volvería.
Cada vez que me pregunto qué me quieres enseñar, me pierdo en recuerdos de los últimos 4 años. Me ubico en lugares pasados que han traído dolor y tristeza, que por un momento parecen ser tú; saudade.
Hoy pienso en quién era antes de conocerte y me siento tan lejana de ella. Me es familiar pero veo en la yo de hoy a una persona que actúa y piensa tan diferente. Me viste crecer. Me has contenido y me has dado paz y tiempo para descubrir versiones de mí que tal vez no habría podido encontrar. Me has cuidado, me has guardado, me has esperado.
Me he ido muchas veces pensando en que el regreso será difícil, pero rara vez lo ha sido realmente. Normalmente te veo y admiro la familiaridad que me produces, la belleza de tus calles, tus edificios, tus colores y tus parques y me siento feliz, de nuevo y también, además de la nostalgia por ya no estar en el lugar que se supone que debería desear habitar para siempre porque mis pies brotaron de él.
Colombia me dio pies, pero tú me has dado alas. Tierra antigua, tierra extraña, tierra que tiembla también, de vez en cuando, como en mi Bogotá. La vida me trajo a vivir al lado de la única montaña verde que tienes en medio de la ciudad y yo me siento como en casa cada vez que la miro, como si viera los cerros orientales que toda la vida me dieron sentido de dónde estar parada. Tu montaña está al sur en este caso y no al oriente, pero su verde me ubica como una brújula donde quiera que esté... sé que a su lado o a su vuelta o detrás de ella estará mi casa esperándome.
Como muchas de las cosas que he pedido en la vida, no he sabido en qué forma vendrían pero han llegado y me han dado forma a mí; no las escogí de primeras, tal vez ni de segundas, pero las elegí y ellas a mí.
Puerto del gallo, puerto, puerta, inicio, apertura, primer paso. Tus entrañas son lo más cercano a mi tierra que este continente me podría dar y al mismo tiempo la lejanía más imperativa que mi alma deseaba para poder ser libre.
No sé si serás para siempre, pero siempre serás mi puente, mi cambio, mi tercer camino, el camino que escribió en mi vida un antes y un después. Antes de ti y después de ti. Y ahora soy yo.
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