El agua cae sobre mi pecho y caliente, enrojece la piel que roza pero no penetra. Recuerdo la debilidad en mis piernas, una de ellas que tiembla. Hace 4 meses conocí a Fran. La vida se sentía potente, brillante. El verano a penas empezaba a irse y mi alma vibraba con el mundo. Era feliz. Escuchaba a Silvia Perez Cruz en vivo, y pensaba que pronto le conocería a él también. Al día siguiente y por el siguiente mes, todo parecería perfecto, idílico. Lo era. No era mentira pero tampoco era verdad. La realidad la interpretaba con el lente rosadito de un sueño en el que el tiempo pasa lento y rápido a la vez. Viajé, conocí, amé, caminé y caminé y la vida se sintió como otra por un instante largo que penduló la posibilidad de algo que por fin estaba lista para vivir. Me sentía fuerte, eléctrica, amarilla. Mi cuerpo se movía con propiedad por el mundo; mis pasos eran certeros y leves en su andar. Mi forma era una sola línea estable en sus curvas. Un mar calmo que b...